Pocas empresas propiamente mexicanas se pueden llamar exportadoras. Sin embargo, Technology Creative Core (TCC) lo es. Dedicada a distintos tipos de productos de tecnología, como impresoras industriales 3D, dispositivos para internet de las cosas, aplicaciones y casas inteligentes, esta empresa se enorgullece por crear productos mexicanos únicos en Latinoamérica.


 


TCC inició operaciones formalmente en 2002. En ese entonces el giro de la empresa era hacia la automatización, pero en poco tiempo pasó a ser un proyecto para diseñar y fabricar invernaderos automatizados, hasta que en 2011 la divisón TCC print arrancó operaciones. Un año más tarde crearon la primera impresora de corte industrial y en 2013, propiamente, entran al mercado de las impresoras con el modelo ATOM IV.


 


“Somos la primera compañía que diseñó la primera impresora 3D en toda América Latina”, explicó Joan Miramontes, gerente de tecnología de TCC.


Dentro de las ventajas y beneficios de la empresa, se encuentra que las máquinas que fabrican, comparadas con las que hay en el mercado, están enfocadas totalmente al mercado industrial. “La mayoría de las impresoras 3D del mercado son para el consumidor, pero las nuestras no. Las nuestras están hechas específicamente para las industrias, ya que entendemos sus necesidades”, explicó Miguel Miramontes, director de ventas.


 


Entre las diferencias de las impresoras 3D de TCC y otras del mercado es que, aunque sus precios son parecidos, las del mercado del consumidor son desechables: cuando fallan se pueden tirar. “Sin embargo, en el mercado industrial no se puede hacer esto. Los industriales quieren que las impresoras duren mucho tiempo trabajando, porque implican una inversión fuerte”, explicó Joan Miramontes.


 


Otra ventaja que el personal de TCC considera que tienen sus impresoras es el soporte y servicio local. “Nosotros no solamente somos distribuidores de las impresoras; somos fabricantes. Nosotros desarrollamos la tecnología para satisfacer las necesidades de la industria”, dijo Miramontes.


Hasta el momento, el principal lugar adonde se exportan las impresoras es Estados Unidos. Sin embargo, exportaciones a Europa y otros países del mundo son destinos que actualmente buscan concretar.


 


Al ser una empresa binacional, eligieron instalarse en Ciudad Juárez-El Paso porque es un centro de tráfico de exportaciones entre ambos países.


El proceso de fabricación de las impresores parte de la materia prima. Las impresoras están hechas de aluminio extruido, para lo cual la empresa tiene una fábrica de aluminio. Se hace un diseño mecánico, se corta a la medida, se retrabaja el aluminio, para luego pintarse y ensamblarse. Finalmente, se realizan pruebas para probar sus mecanismos, ya que tienen una parte electrónica. También tiene una parte de software, ya que se programa todo el código que ejecutará las instrucciones que un software de alto nivel le dictará. Luego hay un chequeo de calidad para corroborar que la impresora tiene los estándares de un producto para el sector industrial.


 


Como estos productos son tecnología de punta, la fabricación implica un proceso de entrenamiento para sus clientes. Durante esta capacitación de 8 a 16 horas personal de TCC visita al cliente para explicarle el funcionamiento de la impresora, además de cuestiones de mantenimiento y buenas prácticas.


 


A diferencia de una maquiladora o fábrica convencional, TCC no tiene líneas de producción; tiene áreas. “Nuestras áreas son las de extrusión de aluminio, retrabajo de aluminio, ensamble, electrónica y software”, recalcó Miguel Miramontes.


 


A pesar de que la empresa cuenta con empleados, mucho del trabajo que implica la fabricación de estos productos los realizan las mismas impresoras. “Una impresora hermana construye las piezas para las otras impresoras”, especificó Joan Miramontes.


 


Los gerentes de TCC señalaron con orgullo que toda la tecnología que realizan es mexicana, ya que sus ingenieros son mexicanos. “Las escuelas aún no enseñan todo lo que hacemos aquí. Cuando los ingenieros vienen con nosotros, los tenemos que capacitar en impresión 3D. El tiempo estimado de aprendizaje es de 2 a 3 meses, pero, aun así, nunca se deja de aprender”, compartió Miguel Miramontes.


 


Respecto a sus insumos, lo notable de esta compañía es que ellos mismos los fabrican. El aluminio que requieren sus impresoras proviene de una planta socia, IMSSA. Las piezas de plástico también las fabrican ellos. El filamento de plástico que requieren para estas piezas, no obstante, vienen de Polonia, Alemania, España, Inglaterra, China, entre otros países, ya que México aún no tiene proveedor de este tipo de material. “Ojalá que pronto haya un proveedor de filamentos de plástico mexicano, ya que así podríamos decir que la impresora es totalmente mexicana”, expresó Miguel Miramontes.


 


Como nuevos proyectos, TCC lanzó al mercado de 2018 las impresoras ATOM IV + y ATOM V. Las diferencias principales de estos productos, a comparación de los otros, son las características en cuestión de tamaño: a mayor tamaño, mayor capacidad de impresión y mejoras en software de alto y bajo nivel, al igual que en la interfaz de usuario.


 


El personal de TCC está convencido de que la empresa tiene un alto sentido de responsabilidad social. “Nuestros productos implican un ahorro de recursos para los clientes. Esto remunera de muchas maneras a la sociedad”, señaló Joan Miramontes.


 


“Además, la impresora ayuda a despertar las mentes, ya que es una máquina que sirve para producir y crear”, añadió Miguel Miramontes.


Por último, los gerentes detallaron que dentro de los valores y principios que rigen la empresa se encuentran el respeto a la creatividad y el emprendedurismo. “El respeto a la creatividad es fundamental para nosotros, ya que hemos sabido de personas que no quieren comprar productos mexicanos por el simple hecho de ser mexicanos. Nosotros los mexicanos somos conocidos en el mundo por nuestra creatividad, pero, si somos tan creativos, por qué no hay productos mexicanos. TCC respeta lo que hace nuestro personal aquí”, dijo Joan Miramontes.


 


“Además, también respetamos el emprendedurismo, ya que nuestros productos crean, a su vez, otros productos. La imaginación es el límite”, finalizó el gerente de tecnología.